domingo, 30 de abril de 2017

EN RESPUESTA A LA CONVOCATORIA A LA FORMULACION DE UNA POLÍTICA CULTURAL
EN BOYACÁ

Me hubiera gustado participar en este foro pero por razones de oficio no podré hacerlo.

Por otra parte, aunque aplaudo el interés y entusiasmo de los amigos y promotores de esta reunión, creo que están apresurando los procesos que conllevan al logro de objetivos significativos en términos sectoriales y sociales. Me explico:

1. No comprendo el afán de formular una política pública departamental para la cultura, cuando en realidad ni siquiera las entidades regionales o locales (incluso la exótica, centralista y elitista institucionalidad nacional - MinCultura) han logrado moldear una forma institucional con capacidad y autonomía frente a los intereses de los grupos políticos y clientelas subsidiarias. No se puede concebir que las instituciones, volubles a los intereses politiqueros sean, por el momento, capaces de orientar, dirigir e impulsar procesos de desarrollo con carácter autónomo y de incidencia concreta en la realidad regional, mientras persistan las fragilidades financieras, organizacionales y de liderazgo que convierten a las regiones en subsidiarias extensiones del poder central y el clientelismo político dominante.

 2. No existe por lo pronto un proceso concreto de conflicto o tensión entre intereses colectivos y acciones de gobierno que permita pensar que la formulación de la política pública opere como un mecanismo de resolución o que si así lo fuera significara un objetivo de la movilización social y en consecuencia, una respuesta efectiva de gobierno a una demanda concreta de carácter reivindicativo como resultado de la presión social estructurada.

Para mí, ni siquiera se ha identificado un problema concreto y estructurado frente al tema cultural en relación con las acciones del gobierno regional; en esencia, el problema de recursos departamentales y locales para la cultura solo es el reflejo de la incapacidad de estas instituciones para asegurar incluso los exiguos recursos que tradicionalmente se ha asignado bajo los términos de la Ley que los obliga a distribuir los recursos que le transfiere la Nación o los de origen propio que bajo los términos legales definidos centralmente se deben comprometer de manera obligatoria.

Otra cosa es que aunque los asignen en el presupuesto anunciando la cobertura de múltiple y difusos proyectos (ni siquiera programas), los encaucen de manera torticera hacia espectáculos musicales (mal llamado festival de la cultura) con exiguo aporte a la cultura y dividendos jugosos para promotores de artistas internacionales.

3. Así las cosas, la formulación de una política regional es ante todo un problema de los gobernantes (su problema, para resolver su incapacidad o para ejercer o responder como autoridad) lo cual por supuesto debe concertar con la comunidad o la población (en términos de los contenidos y los cursos de acción). Pero todo eso, es el producto de un proceso complejo que involucra no solamente problemas de recursos públicos, sino que implica también los provistos por los sistemas productivos, empresas, agentes económicos, productores, consumidores, procesos de intermediación, formación, etc y por supuesto, un debate y análisis profundo en términos de lo cultural.

En consecuencia, es conveniente evitar las salidas fáciles que provienen de respuestas orientadas a contener temporalmente las inquietudes de la población con respuestas normativas poco efectivas y coyunturales.
            

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