EN RESPUESTA A LA
CONVOCATORIA A LA FORMULACION DE UNA POLÍTICA CULTURAL
EN BOYACÁ
Me hubiera gustado participar en este foro pero por razones
de oficio no podré hacerlo.
Por otra parte, aunque aplaudo el interés y entusiasmo de
los amigos y promotores de esta reunión, creo que están apresurando los
procesos que conllevan al logro de objetivos significativos en términos
sectoriales y sociales. Me explico:
1. No comprendo el afán de formular una política pública
departamental para la cultura, cuando en realidad ni siquiera las entidades
regionales o locales (incluso la exótica, centralista y elitista
institucionalidad nacional - MinCultura) han logrado moldear una forma
institucional con capacidad y autonomía frente a los intereses de los grupos
políticos y clientelas subsidiarias. No se puede concebir que las
instituciones, volubles a los intereses politiqueros sean, por el momento,
capaces de orientar, dirigir e impulsar procesos de desarrollo con carácter
autónomo y de incidencia concreta en la realidad regional, mientras persistan
las fragilidades financieras, organizacionales y de liderazgo que convierten a
las regiones en subsidiarias extensiones del poder central y el clientelismo
político dominante.
2. No existe por lo pronto un proceso concreto de
conflicto o tensión entre intereses colectivos y acciones de gobierno que
permita pensar que la formulación de la política pública opere como un
mecanismo de resolución o que si así lo fuera significara un objetivo de la
movilización social y en consecuencia, una respuesta efectiva de gobierno a una
demanda concreta de carácter reivindicativo como resultado de la presión social
estructurada.
Para mí, ni siquiera se ha identificado un problema
concreto y estructurado frente al tema cultural en relación con las acciones
del gobierno regional; en esencia, el problema de recursos departamentales y
locales para la cultura solo es el reflejo de la incapacidad de estas
instituciones para asegurar incluso los exiguos recursos que tradicionalmente
se ha asignado bajo los términos de la Ley que los obliga a distribuir los
recursos que le transfiere la Nación o los de origen propio que bajo los
términos legales definidos centralmente se deben comprometer de manera obligatoria.
Otra cosa es que aunque los asignen en el presupuesto
anunciando la cobertura de múltiple y difusos proyectos (ni siquiera
programas), los encaucen de manera torticera hacia espectáculos musicales (mal
llamado festival de la cultura) con exiguo aporte a la cultura y dividendos
jugosos para promotores de artistas internacionales.
3. Así las cosas, la formulación de una política regional
es ante todo un problema de los gobernantes (su problema, para resolver su
incapacidad o para ejercer o responder como autoridad) lo cual por supuesto
debe concertar con la comunidad o la población (en términos de los contenidos y
los cursos de acción). Pero todo eso, es el producto de un proceso complejo que
involucra no solamente problemas de recursos públicos, sino que implica también
los provistos por los sistemas productivos, empresas, agentes económicos,
productores, consumidores, procesos de intermediación, formación, etc y por
supuesto, un debate y análisis profundo en términos de lo cultural.
En consecuencia, es conveniente evitar las salidas fáciles
que provienen de respuestas orientadas a contener temporalmente las inquietudes
de la población con respuestas normativas poco efectivas y coyunturales.
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